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sábado, 19 de septiembre de 2020

Desenlace de los hijos de madres de adolescentes (Parte 1)

 


La Organización Mundial de la Salud define la adolescencia como el periodo comprendido entre los 10 y los 19 años, durante el cual el individuo adquiere la capacidad reproductiva, transita por los patrones psicológicos de la niñez a la adultez y consolida la independencia socioeconómica. Este desarrollo estara influenciado por la cultura, las características de la familia, las condiciones socioeconómicas y el nivel educativo, los cuales pueden ser factores protectores o de riesgo frente a la incidencia del embarazo y maternidad en este grupo que es considerado heterogéneo y a la vez vulnerable (Quesada M, Romero M, Prieto M, Rodríguez C, 2010)

El embarazo en adolescentes es un problema de salud global, que aunque en diversas regiones del mundo ha disminuido el descenso en los últimos años ha sido más lento; este problema repercute en la salud materna, aumentando el riesgo de complicaciones infecciosas entre otras, y la morbi-mortalidad en los neonatos, ya sea por los factores de riesgo socioeconómicos relacionados con la edad de la madre, como en los factores maternos que repercutirán en la sobrevida del infante (Fonseca y col, 2017; Njim y col, 2018; Kumar y col, 2018; Falter y col, 2018; Hviid y col, 2017; Khatun y col, 2017; Hoffman y col, 2015; Kang y col, 2015; Ganchimeg y col, 2014; Selemani y col, 2014; Vaughan y col, 2014).

El 3er objetivo correspondiente a los objetivos de desarrollo sostenible comprende la salud, donde el acápite 3.2 hace referencia a disminuir la mortalidad neonatal a menos de 12 por cada 1000 nacidos vivos (Naciones Unidas, 2017), en nuestro país la mortalidad neonatal ha tenido un evolución lenta, donde se han reportado cifras diversas según la fuente de origen, según el ministerio de salud publica (Ministerio de Salud Publica, 2011) en su análisis correspondiente a la situación de Republica Dominicana con respecto al objetivo 4 de los objetivos del milenio la mortalidad neonatal para el 2007 se encontraba en 23 por cada 1000 nacidos vivos, mientras que para el 2013 la encuesta demográfica y de salud de Republica Dominicana (ENDESA) (Ministerio de Salud Publica, 2013) ubicaba la mortalidad neonatal en 21 por cada 1000 nacidos vivos, sin embargo UNICEF (2012) en su reporte todos los niños y niñas cuentan la tasa de mortalidad neonatal en Republica Dominicana se encontraba en 15 por cada 1000 nacidos vivos y actualmente en el análisis de mortalidad para edad y sexo especifico de 264 causas ubica para el 2016 la mortalidad neonatal global se encuentra en 25.3 por cada 1000 nacidos vivos y para Republica Dominicana en la medición de progreso y proyección mantenida de las tendencias en salud correspondientes a 188 causas con relación a los objetivos de desarrollo sostenible hacen mención que la mortalidad neonatal en nuestro país se encuentra en  26 por cada 1000 nacidos vivos (Murray C., 2017), por lo que se considera que el país debe aumentar entre 3 a 5 veces sus esfuerzos con la finalidad de disminuir la mortalidad neonatal (UNICEF, 2018).

Las complicaciones secundarias al periodo neonatal ocupa la posición 15 (prematuridad) como causa de años perdidos de vida en los países de mediano ingreso aumentando dicha posición mientras mayor detrimento existe en la situación económica del país, en nuestro país dichas complicaciones ocupan la 3era y 9na causa de años perdidos de vida (Murray C., 2017). Estas complicaciones dan origen a diversos grados de discapacidad, se ha observado que 1 de cada 7 personas mundialmente cursa con algún grado de discapacidad y que la población pediátrica con discapacidad posee un riesgo aumento a eventos adversos en comparación con una población pediátrica sin discapacidad (Organización Mundial de la Salud, 2015).

Se considera que todo embarazo en una madre adolescente es de alto riesgo, debido a la elevación en la frecuencia de las complicaciones del embarazo en esta población, repercutiendo de manera negativa en el desenlace de este, lo que incrementaría la morbi-mortalidad en este periodo (Njim, 2018).

El embarazo a cualquier edad constituye un hecho biopsicosocial muy importante, pero en la adolescencia conlleva a una serie de alteraciones que atentan tanto contra la salud de la madre como la del hijo, por lo que constituye un problema de salud que no debe ser considerado solo en términos del presente, sino del futuro, por las complicaciones que puede acarrear (Goyo, 2010).

La mortalidad en el periodo neonatal se ve influenciada por múltiples factores que de índole social que pudieron haber sido factores influyentes en el inicio del embarazo, pero que posteriormente afectaran deletéreamente el desenlace del mismo; hay factores que pueden ser prevenibles en los cuales la educación materna influye de manera significativa generando una relación inversa entre la educación y la mortalidad en este periodo, otros factores están asociados a la dinámica social a la cual esta expuesta la madre junto al infante, y que en parte de los casos son derivados de la pobreza a las cuales son expuestos este binomio (Dagvadorj y col, 2018; Kumar y col, 2018; Njim y col, 2018; Bhutta y col, 2017; Fonseca y col, 2017; Observatorio de Políticas Sociales y Desarrollo, 2017; Berry y col, 2016; Johnson y col, 2016; Fraser y col, 2014; Ruzek y col, 2014; Selemani, 2014).

El embarazo en la adolescencia es inevitable verlo con un matiz catastrófico, sobre todo en nuestros países en vías de desarrollo, donde el medio proporciona factores como bajo nivel cultural, hacinamiento, falta de programas gubernamentales de apoyo específico a la madre adolescente, etc., que actuaran potenciando los efectos adversos que el embarazo traerá a la adolescente. Con frecuencia, los embarazos en adolescentes tienen más episodios de: eclampsia, ruptura prematura de membranas, bajo peso al nacer, prematuridad, restricción del crecimiento intrauterino (Islas, 2010), síndrome de dificultad respiratoria (Shan, 2011), complicaciones posparto, bajo APGAR y malformaciones congénitas (Derme, 2003); así como anemia (Khairani, 2010) y, en caso extremo, mortalidad materna, perinatal y neonatal (Lacobelli, 2014; Salihu, 2006).

De las repercusiones en el recién nacido, todos los reportes internacionales (Mendoza 2012; Escobedo 2005) coinciden en que los problemas comienzan en el útero: desnutrición, restricción del crecimiento intrauterino y bajo peso al nacer, que, junto a la prematuridad, serán las condiciones determinantes en la mayor morbilidad y mortalidad de éstos en relación a la población general.

Las adolescentes pueden estar en mayor riesgo de parto prematuro y de bajo peso al nacer. (Malagon, 2016) Éstas se han centrado en torno a las posibles infecciones y los factores de estrés psicosociales graves, como la coexistencia de aislamiento social, la falta de vivienda y la violencia, que son todos más comunes en las madres adolescentes. La infección intrauterina está presente en aproximadamente el 25% de todos los nacimientos prematuros y a menor edad gestacional al momento del parto; mayor es la frecuencia de la infección intraamniótica (Quinlivan, 2004). Muchos estudios apuntan a el bajo peso al nacer (incluidos los bebés nacidos prematuros y los de bajo peso para la edad gestacional), como el marcador proximal predominante de la mortalidad infantil (Markovitz, 2005).


viernes, 14 de agosto de 2020

Importancia de la dieta para el neurodesarrollo y el microbioma en los primeros meses de vida

 

Duramos 9 meses en a barriga de nuestras madres en un medio acuoso “estéril” aislado de la sociedad pero en contacto intimo con nuestra madre; la estadia en este hogar finaliza con la expulsion ya sea fisiológica/normal (parto vaginal) o fisiológica/alterna  que denominaremos cesárea; en este suceso somos expuestos al mundo. Modificamos nuestra dieta y las bacterias que posteriormente van a dar origen a nuestro microbioma intestinal, y dependiendo de la forma que abordamos el mundo nuestro microbioma diferirá (1).

 

Sin embargo, dependiendo de nuestros padres, aun con la alimentación vamos a tener un microbioma distinto a las demás personas (1), esas bacterias que colonizan nuestro intestino están en constante exposición a estímulos externos que pueden alterar su composición (2), entre estos factores de los mas importante se encuentran los alimentos que ingerimos, en el cual interviene el contenido de nutrimentos de los alimentos que ingerimos, como el exceso de carbohidratos que se asocia a una sobrecolonizacion en el colon de bacterias, que no son útiles o efectos posteriores no benéficos como el aumento de la producción de ácidos grasos cortos por tales bacterias que estimulan la lipogenesis y por ende la obesidad; el efecto beneficioso de las fibras con el fin de promover ciertas familias de bacterias en nuestro microbioma intestinal (3).

 

La introducción de alimentos solidos en la dieta generarcambios en el microbioma intestinal y dependiendo del origen de esos alimentos predominan las familias de las bacterias; cuando inician los alimentos solidos de origen vegetal aumenta el predominio de la Prevotella con el fin de digerir los polisacáridos no digeribles de las plantas mientras que las nueces y legumbres estimula el aumento de la familia de los Bacteroides (4).

 

Cada vegetal que ingerimos tiene un microbioma en especifico, en este se pueden evidenciar bacterias pertenecientes a los bacteroidetes y firmicutes; además de otras bacterias patógenas que aun con las medidas de higiene adecuada por las características del vegetal no son eliminadas y entran al tracto gastrointestinal donde pueden o no formar parte de nuestro microbioma (5).

 

Estas bacterias luego deben generar una simbiosis entre ellas para poder obtener de manera mas eficiente sus productos y por ende subsistir de una mejor forma (6). Por la cual el microbioma depende de la diversidad en la composición de sus integrantes con el fin de los efectos en salud posteriores.

 

Podemos considerar como establece Darwin que la especie más apta es la que sobrevive a los factores externos o del medioambiente.  Así que las características de la dieta del individuo y por ende de la oferta de los nutrientes de la misma favorece el predominio de ciertas bacterias sobre otras, lo que en los infantes desde su nacimiento influyen con el desarrollo del sistema nervioso entérico y de las células gliales de la lamina propia influyendo en el comportamiento del tracto gastrointestinal del individuo y por ende en la función del mismo (7-10).

 

Pero no solo factores externos del tipo de la alimentación influyen en el microbioma, sino el habitad o las características del habitad en que vivimos intervienen en el desarrollo del mismo y la selección de dichas bacterias para que se mantenga la mas apta (11). También otros factores como las enfermedades entéricas ya se por parásitos o bacterias obtenidas por los alimentos contaminados, o bacterias obtenidas por aguas contaminadas, que no necesariamente conllevan a un cuadro clínico importante inmediato pero si a la disrupción del microbioma (12).

 

Este microbioma después se encarga de funcionar como un sistema neuroendocrino e interviene en nuestro comportamiento (13), y busca las maneras de mantenerse en un estado de equilibrio por lo cual nuestros gustos varían y se mantienen con el fin de conservar las bacterias de dicho microbioma presente.

 

Dicho sistema nervioso entérico del individuo junto con el mircobioma intestinal del infante en el desarrollo intervienen en el comportamiento/temperamento del individuo en cuestión (10, 14, 15), lo cual en las fases iniciales de la vida del infante influyen con la adquisición de las habilidades cognitivas del mismo (10).

 

Referencias

1) Schloss et al.: The dynamics of a family’s gut microbiota reveal variations on a theme. Microbiome 2014 2:25. doi:10.1186/2049-2618-2-25

 

2) Dheilly NM. Holobiont–Holobiont Interactions: Redefining Host–Parasite Interactions. Rall GF, editor. PLoS Pathogens. 2014 Jul 3;10(7):e1004093.  doi:10.1371/journal.ppat.1004093

 

3) Annalisa N, Alessio T, Claudette TD, Erald V, Antonino DL, Nicola DD. Gut Microbioma Population: An Indicator Really Sensible to Any Change in Age, Diet, Metabolic Syndrome, and Life-Style. Mediators of Inflammation. 2014;2014:1–11. http://dx.doi.org/10.1155/2014/901308

 

4) Voreades N, Kozil A, Weir TL. Diet and the development of the human intestinal microbiome. Frontiers in Microbiology . 5 (494): 1-9. 2014. Available from: http://journal.frontiersin.org/journal/10.3389/fmicb.2014.00494/full

 

5) Berg G, Erlacher A, Smalla K, Krause R. Vegetable microbiomes: is there a connection among opportunistic infections, human health and our “gut feeling”?: Vegetable microbiomes. Microbial Biotechnology. 2014 

 

6) Zhang X, Reed JL (2014) Adaptive Evolution of Synthetic Cooperating Communities Improves Growth Performance. PLoS ONE 9(10): e108297. doi:10. 1371/journal.pone.0108297

 

7) Douglas-Escobar M, Elliott E, Neu J. Effect of Intestinal Microbial Ecology on the Developing Brain. JAMA Pediatrics. 2013 Apr 1;167(4):374. doi:10.1001/jamapediatrics.2013.497

 

8) Kabouridis PS, Lasrado R, McCallum S, Chng SH, Snippert HJ, Clevers H, et al. Microbiota Controls the Homeostasis of Glial Cells in the Gut Lamina Propria. Neuron. 2015 Jan;85(2):289–95. http://dx.doi.org/10.1016/j.neuron.2014.12.037

 

9) Xu Q, Heanue T, Pachnis V. Travelling within the fetal gut: simple rules for an arduous journey. BMC Biology. 2014;12(1):50.  Available from: http://www.biomedcentral.com/1741-7007/12/50

 

10) Mayer EA, Tillisch K, Gupta A. Gut/brain axis and the microbiota. J Clin Invest 2015.. doi:10.1172/JCI76304.

 

11) Ilyin VK, Kiryukhina NV. Disruption of the Colonization Resistance Syndrome in Humans in Altered Habitats and Its Prevention. Acta Naturae. 2014;6(2):10.  Available from: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4115221/

 

12) Kolling G, Wu M, Guerrant RL. Enteric pathogens through life stages. Frontiers in Cellular and Infection Microbiology [Internet]. 2012 [cited 2014 Apr 14];2. Available from: http://www.frontiersin.org/Journal/10.3389/fcimb.2012.00114/full

 

13)  La Rosa PS, Warner BB, Zhou Y, Weinstock GM, Sodergren E, Hall-Moore CM, et al. Patterned progression of bacterial populations in the premature infant gut. Proceedings of the National Academy of Sciences [Internet]. 2014 Aug 11 [cited 2014 Aug 18]; Available from: http://www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1409497111

 

14) Lyte M. Microbial Endocrinology in the Microbiome-Gut-Brain Axis: How Bacterial Production and Utilization of Neurochemicals Influence Behavior. Miller V, editor. PLoS Pathogens. 2013 Nov 14;9(11):e1003726. doi:10.1371/journal.ppat.1003726

 

15) Maranduba CM da C, De Castro SBR, Souza GT de, Rossato C, da Guia FC, Valente MAS, et al. Intestinal Microbiota as Modulators of the Immune System and Neuroimmune System: Impact on the Host Health and Homeostasis. Journal of Immunology Research. 2015;2015:1–14. http://dx.doi.org/10.1155/2015/931574

 

jueves, 13 de agosto de 2020

Re-Post: Comita y Microbioma. Dieta, Crecimiento y Disbiosis

El desarrollo del microbioma intestinal es programado intrauterino en nuestro organismo, pero los factores externos modifican la colonización intestinal, siendo de estos uno de los mas importantes la dieta que recibe el infante al nacer (1).

Durante los primeros 6 meses de vida se estipula que el infante reciba lactancia materna exclusiva debido a los beneficios que esta promueve; prevención contra enfermedades infecciosos, adecuado crecimiento y desarrollo, protección contra la obesidad, etc. (2).  Dichas propiedades se habían considerado a los componentes de la leche, las diversas proteínas con función neuroprotectora e inmunológica.

La dieta es uno de los principales factores que modifica el microbiota intestinal, dicho  es un factor modificable; la ingesta de diversas alimentos pueden dar origen a bacterias comensales (no crean daño), mutualistas (nos ofrecen un beneficio), patógenas (nos producen daño), y estas con las causantes de diversas enfermedades o la base de la teoría de la disbiosis intestinal y las enfermedades (1).

Las bacterias en el tracto intestinal crean interacciones huésped/microorganismos y microorganismo/microorganismo, donde las bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta generan hidrogeniones que son utilizados por otras bacterias como fuente de energía por lo cual se mantiene una adecuada simbiosis y la diversidad del microbiota intestinal que ayuda a la permanencia de salud (3).

Estas bacterias colonizan el intestino delgado y el colon de donde obtienen sus nutrientes, dependiendo de la dieta que llevemos; además generan ácidos grasos de cadena corta, intervienen con la modificación las sales biliares, por lo cual intervienen con el metabolismo del colesterol, además de que al modificar la composición de las mismas interviene con el crecimiento de otras bacterias o la inhibición de las mismas (4).

El inicio de la alimentación complementaria crea disturbios en el microbioma del individuo al generar un desbalance de la relación entre cada una de las familias intestinales importantes, lo que conocemos como disbiosis intestinal (2).

Con la eliminación de la lactancia materna, el individuo esta con mas riesgo de enfermedades infecciosas como las infecciones de vía aérea superior y las enfermedades diarreicas (2), esos procesos infecciosos a repetición también pueden afectar el microbioma intestinal, pero no solo eso, al ser expuestos a nuevos alimentos y las características de la preparación pueden ser infectados por diversos tipos de parásitos.

Dependiendo de la procedencia del origen de los alimentos ya sea animal o vegetal, además de la relación entre grasas y carbohidratos van a predominar diversas familias de microorganismos por lo cual se va a modificar la producción de metabolitos por las mismas, facilitando el predominio de bacterias patógenas y ocasionando una disbiosis intestinal (3, 4).

Debido a esto se han originado dietas con el fin de mejorar la disbiosis intestinal; en la que se recomiendan los alimentos ricos en prebióticos para facilitar el crecimiento de un microbiota adecuado, además de que se deriven las carnes de rojas a blancas para un menor contenida de grasa, junto con disminuir el contenido de grasa total de la dieta (5), ya que se ha evidenciado que las grasas saturadas de la dieta, estimulan a la producción de sales biliares de difícil degradación por las bacterias intestinales y predisponen a la sobre-colonización del intestino por bacterias patógenas (4).

También considerando que los medios de cocción afectan la biodisponibilidad de los diversos nutrientes y de las fibras de dichos alimentos; y que los alimentos fermentados son una buena fuente de probióticos (5).

Los parásitos pueden no presentar un cuadro clínico en el individuo, debido a un probable estado de equilibrio con el microbioma del huésped o pueden generar una disrupción de dicho ecosistema y generar un cuadro clínico debido a la disbiosis que producen lo que evidenciaríamos como una enfermedad diarreica (6); o en el caso de mantenerse asintomáticos pueden iniciar una cascada de eventos que dan origen a una disbiosis posterior que predisponga a diversas enfermedades como es el caso de los Blastocistos (7).

La disbiosis intestinal del individuo causada por la dieta ya sea debido a una infección parasitaria asintomática o solo por los alimentos aumenta el riesgo de enfermedad inflamatoria intestinal, cáncer colorectal, obesidad entre otras (1, 7); y en los casos leves una disbiosis intestinal que solo produzca una enfermedad diarreica (6), sin embargo no todos los parásitos intestinales asintomáticos pueden generar la disbiosis que predispone a tales enfermedades.

Por esto se debe mantener una dieta variada y de adecuada calidad, con poca cantidad de grasa y un predominio de alimentos de origen vegetal; con alto contenido de fibras y prebióticos.

Seguir con las medidas de prevención de adquirir dichos agentes en nuestro organismo, como las adecuadas medidas de higiene, y mantener un microbioma estable para que pueda combatir con los patógenos invasores; esto obteniéndose con una adecuada nutrición y la introducción adecuada de los diferentes alimentos en las etapa de crecimiento propias.


Referencias 

1) Chan YK, Estaki M, Gibson DL. Clinical Consequences of Diet-Induced Dysbiosis. Annals of Nutrition and Metabolism. 2013;63(s2):28–40. DOI: 10.1159/000354902

2) Przyrembel H. Timing of Introduction of Complementary Food: Short- and Long-Term Health Consequences. Annals of Nutrition and Metabolism. 2012;60(s2):8–20. DOI: 10.1159/000336287

3) Peterson CT, Sharma V, Elmén L, Peterson SN. Immune Homeostasis, Dysbiosis and Therapeutic Modulation of the Gut Microbiota. Clinical & Experimental Immunology. 2014 Oct;n/a–n/a.

4) Perrigoue J, Anuk Das A, Mora JR. Interplay of Nutrients and Microbial Metabolites in Intestinal Immune Homeostasis: Distinct and Common Mechanisms of Immune Regulation in the Small Bowel and Colon. Nestlé Nutr Inst Workshop Ser, vol 79, pp 57–71, DOI: 10.1159/00036068

5) Olendzki BC, Silverstein TD, Persuitte GM, Ma Y, Baldwin KR, Cave D. An anti-inflammatory diet as treatment for inflammatory bowel disease: a case series report. Nutrition journal. 2014;13(1):5. http://www.nutritionj.com/content/13/1/5

6) Herrera D. Parasitosis Intestinal Versus Disbiosis Intestinal de Origen Parasitario: Una Crítica al Paradigma Tradicional. Rev electron biomed. 2014;2.  available from: http://biomed.uninet.edu/2014/n2/herrera.html

7) Nourrisson C, Scanzi J, Pereira B, NkoudMongo C, Wawrzyniak I, Cian A, et al. Blastocystis Is Associated with Decrease of Fecal Microbiota Protective Bacteria: Comparative Analysis between Patients with Irritable Bowel Syndrome and Control Subjects. PloS one. 2014;9(11):e111868. doi:10.1371/journal.pone. 0111868

 

 


Estres materno y neurodesarrollo

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